Al finalizar la ruta que bautizamos como Pateando Europa, y con un futuro laboral complicado en España, Alberto y yo volvimos a mirar el mapamundi para concentrarnos en otro punto; tras varias valoraciones decidimos dirigirnos a Malta. Y lo hacemos de la manera que se nos da bien a los dos: a la aventura. Así que compramos el billete de avión de ida con la intención de llegar, buscar alojamiento y trabajo para al menos dos/tres meses y vivir la experiencia de vivir en el extranjero. Y aquí estamos, que sabemos cuándo llegamos pero no cuándo nos vamos.

Precisamente hoy hace dos semanas que aterrizamos en este diminuto país, que está compuesto por tres islas principales: Gozo, Comino y Malta. Los cuatro primeros días estuvimos en Bugibba, un pueblecito costero que queda al noreste de Malta, justo al lado del idílico Saint Paul. Esta zona es muy tranquila pero a la vez llena de vida pues es un destino turístico para gente mayor y familias con niños pequeños. Tras analizar la zona y movernos al este de la isla, decidimos probar suerte por la zona de Sliema.

Piscina en el hostal de Buggiba
(Apartamentos Shamrock)

“Piscina” en Sliema.
La mayoría de las playas de Malta son rocosas, y por toda la costa hay pequeñas piscinas naturales.

Mi primer Naipe

Hace unos días me encontré un naipe en el suelo.Para otra persona probablemente no sea nada especial, pero yo enseguida me acordé de Aniko Villalba. Que te acuerdes de alguien al que no conoces por algo que un día leí me pareció cuanto menos mágico. Ella es una viajera profesional que yo sigo desde hace tiempo en su blog Viajando por ahi. Como ella misma relata en algunos de sus posts, en algunas ciudades de las muchas que ya ha visitado se ha ido encontrando naipes que luego para ella resultaban ser señales de buena suerte. Y la verdad es que no nos está yendo mal para el poco tiempo que llevamos en la isla.